Por, Gerardo Andrés GUAYACÁN CRUZ

La Iglesia, consiente de anunciar el Evangelio a todos los hombres, presenta la reconciliación como parte esencial dentro de esta misión. Esta, permite restaurar la relación del ser humano con Dios.

El tiempo de Cuaresma es un periodo privilegiado para la reconciliación. Es un camino de renovación interior que lleva al creyente a configurarse plenamente con Él, teniendo presente que, como cristianos estamos en la tarea de asumir el camino del sacramento de la penitencia que nos una más al misterio de Jesucristo Resucitado. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que, «quienes se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia» (CEC, 1422); se ha insistido reiteradamente en esto.

La Sagrada Escritura, presenta la reconciliación como parte esencial del anuncio cristiano. En los evangelios, por ejemplo, Jesús manifiesta constantemente el rostro misericordioso del Padre, a través de palabras y gestos —como el perdón concedido a la mujer pecadora o al paralitico—. La reconciliación implica una restauración integral, como en la parábola del hijo prodigo, que muestra cómo el padre acoge con amor al hijo arrepentido reintegrándolo a la familia.

Cabe recordar, en esta reflexión, una frase del difunto papa Francisco que subrayaba la reconciliación como camino de fe: «la Iglesia debe ser un hospital de campaña donde los fieles puedan encontrar la misericordia de Dios». A lo largo de los siglos, la Iglesia, como Madre y Maestra, ha impartido una enseñanza nacida del corazón de Jesucristo que invita, como lo menciono el papa argentino, a interiorizar y exteriorizar la fe con autenticidad.

San Juan Pablo II, en la exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia, recordó que la reconciliación es una tarea fundamental, significando que el anuncio del perdón de Dios constituye uno de los elementos más poderosos de la evangelización, pues responde a las necesidades más profundas del corazón humano.

Como comunidades de fe debemos ser conscientes que la Cuaresma es un tiempo de gracia, propicio para redescubrir la belleza de la reconciliación, sobre todo, en el mundo en que vivimos, marcado muchas veces por divisiones, violencia y conflictos sociales.

En este propósito de vivir reconciliados con Dios y con los hermanos, nuestra Diócesis nos brinda herramientas suficientes. El SINE, como instrumento de evangelización nos exige: ser cada vez más humanos, más cristianos, más creyentes. Sabemos muy bien que no bastan las palabras cuando no están acompañadas de acciones que expresen misericordia. Todos los bautizados estamos invitados a emprender un camino de reconciliación que lleve a experimentar, vivir y comunicar la misericordia divina.

Solo desde un corazón reconciliado es posible vivir plenamente la alegría de la Pascua y convertirse en testigos de la paz y del perdón en el mundo.

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